A manos de traidores perecen los buenos servidores...

jueves, 29 de marzo de 2007

Alejandro

PTO AZARA. TAREFEROS, RIO URUGUAY, VERDE, ROJO, AZUL ESPERANZA PARA TODOS.
A ver, difícil escribir casi más de cinco meses como empieza una historia. Tarde de Octubre, visita a Pto. Azara por las elecciones de ese mes. Pto Azara un lugar que conocí hace mas de 6 años y nunca volví. Un lugar donde los lugareños reclamaban poder votar cerca de donde vivían y no hacer 15 km de tierra. Una razón mas para asentar a los habitantes, una razón de pertenencia. Sin saber a la casa de quien iba, llevado por otros aunque en mi auto, llego a una casa típica, madera, zinc, gallinas, ovejas que se comen todo y una persona que recibe con mate y pan casero. Charla de ocasión. Y ahí arranca Maria. Maria Alves, un tábano cuando sigue lo que quiere. Y ahí estaba Maria, otra vez planteando necesidades de su comunidad. Y que eran? Trabajo para hacer durante los meses en que ni changas hay, mas de la mitad del año. Y una escuela. Ja no cualquier escuela. Una que les enseñe a los chicos y chicas un oficio. Porque? Porque los padres querían, y lo mas importante los chicos y chicas también, una alternativa al trabajo de tarefero. LA posibilidad de romper el círculo vicioso de trabajo manual mal pago, nula capacitación, falta de alternativa laboral. Lo que le conteste a Maria era que yo no podía solucionarle el problema, pero si podía acercar gente para tratar de encontrarle la vuelta. Ahí nomás volviendo pensé en el Dr. Martínez y su Sra. la Dr. DeMaria y en Silvia Kruchowski –seguro que el apellido esta mal escrito-. Los primeros porque tienen un proyecto educativo en ciernes a través de su fundación y por lo tanto podían ofrecer respuestas más serias y proyectos viables. La segunda por su conocimiento en trabajo social y contactos para generar proyectos productivos. Pasaron las elecciones, y seguimos con las cuestiones. Claro a veces se hacia cuesta arriba, muchas ganas de la gente local, difícil de convencer a los que tienen de apostar por los que menos tienen.
Pero ahí andaba Maria, seguidora como perro de sulky. Y Don Beto el Pastor que, mucho despues me entere, pedía a sus feligreses que oren por mi cuando se me salía la cadena. Lo primero, un lugar. Promesas de colaboración que naufragan en la indiferencia, propuestas de venta con interés económico. Y nada. Hasta que aparece Don Pablo Atamaniuk, viviendo en Apóstoles, cede en préstamo gratuito un lote con edificación. Por 5 años. Y otra vez en carrera, con casa, ya teníamos techo para la escuela, lo demás se consiguió como siempre uniendo voluntades.
Y empezó el 26 de Marzo del 2007 cuando 32 chicos y sus padres, vecinos, pastor y mirones izamos, cantando Aurora, la bandera celeste y blanca en un lugar de Misiones, donde el rojo de la tierra, el verde de la vegetación y el azul del río, son los colores de la esperanza. Que lloramos?, todos moqueamos, y no me da vergüenza, me siento contento que haciendo lo que se, empalmando las puntas de las sogas, entre todos hacemos una, que permita a algunos pasar el vacío de la ignorancia por un puente de solidaridad. MI agradecimiento a todos los que me permitieron sentir que uno tiene una razón de ser en la vida.

Alejandro Garzón Maceda





martes, 27 de marzo de 2007

María



Despues de aquella primera reunión...el 3 de noviembre de 2006, le pedimos a los padres y a los chicos que escriban unas cartitas, contando a quien lo quiera saber...por qué querían una escuela técnica, por que una escuela allí en Puerto, qué era lo que los movía. El resultado fue hermoso...las cartas son muy emotivas. Hoy voy a transcribir la de María, porque creo que el símbolo de la PINGUELA..me impactó. El término pinguela es muy de aqui, es probablemente uno de esos vocablos que surgen de la mezcla de idiomas y se quedan para siempre. Una pinguela es el tronco de un árbol que atraviesa un arroyo o un curso de agua, a modo de puente. Es un puente rudimentario...Atreverse a cruzarlo es un desafío.
Esta es la carta de María:


Para poder expresar lo que deseo, debo contar mi historia:
Me llamo María; cuando era pequeña, un día con mi padre, Juan, que era un hombre de muy pocas palabras y de muchos ejemplos, cruzábamos un pequeño arroyo por el cual llegábamos a un río, en el cual teníamos una canoita con la cual llegaríamos a la isla que por cierto se llamaba San Lucas, donde vivíamos con mi familia.
La noche anterior había llovido, con lo cual el agua se llevó la pequeña pinguela del arroyo; mi padre volteó un árbol con su hacha para que pasáramos por encima del mismo. Como yo tenía miedo, él me dijo: “en la vida vas a tener que ser árbol para servir de pinguela para otros, para eso te enseño a nadar si caes al agua; no tengas miedo, aquí estoy, te voy a tender mi mano si veo que caes; andá, atravesálo…” ése día pasé sin grandes dificultades. Yo amaba a mi padre, siempre serio, siempre atento, recto hasta causar temor.
Fui a la escuela de Barra Concepción, una escuela de jornada completa, hasta el 7º grado. Mi padre siempre se sentía muy orgulloso de sus hijos, y se esforzó para que cada uno completara la primaria. Cuando cumplí 13 años, ya estaba trabajando como empleada doméstica.
Cuando tenía 18 años, en una oportunidad que estaba en casa pasando el fin de semana, papá me invitó a una reunión de vecinos porque venía un tal Dr. González, el médico del pueblo y quería hablar con todos para decirles que necesitaba a una chica del barrio para que estudiara enfermería, para trabajar luego como enfermera del pueblo. Mi padre me dijo entonces: “Hija, éste doctor es tu pinguela hacia algo mejor: Tú decides hija, pero no quiero verte toda la vida fregando pisos ajenos”
Me recibí de enfermera un 5 de septiembre; mi padre sólo dijo: “ahora ya puedes ser pinguela de otros”. El 27 de ese mes falleció. El 8 de diciembre de ese año entré a trabajar de enfermera; de eso hacen 18 años. Mi madre también murió; me dejaron 5 hermanos de los cuales fui pinguela, como diría mi padre.
Hoy estoy casada con Juan Alvez, tengo 4 hijos de los cuales estoy segura que seré su pinguela a una vida digna. Mi esposo es holero. No me avergüenza ser pobre.
A lo que voy es que me gustaría ser en parte pinguela de estos chicos amigos de mis hijos y de los cuales muchos nacieron en mis manos, y son como mis hijos.
Digo que quiero ser parte del puente porque espero que alguien mande unos árboles para formar una grannn pinguela y los chicos puedan seguir estudiando.
¿Porqué técnicos? Porque sólo con una escuela así podrán ser puentes de ellos mismos y tal vez de otros que lo necesiten cuando ya no estemos.
María Alvez