A manos de traidores perecen los buenos servidores...

martes, 27 de marzo de 2007

María



Despues de aquella primera reunión...el 3 de noviembre de 2006, le pedimos a los padres y a los chicos que escriban unas cartitas, contando a quien lo quiera saber...por qué querían una escuela técnica, por que una escuela allí en Puerto, qué era lo que los movía. El resultado fue hermoso...las cartas son muy emotivas. Hoy voy a transcribir la de María, porque creo que el símbolo de la PINGUELA..me impactó. El término pinguela es muy de aqui, es probablemente uno de esos vocablos que surgen de la mezcla de idiomas y se quedan para siempre. Una pinguela es el tronco de un árbol que atraviesa un arroyo o un curso de agua, a modo de puente. Es un puente rudimentario...Atreverse a cruzarlo es un desafío.
Esta es la carta de María:


Para poder expresar lo que deseo, debo contar mi historia:
Me llamo María; cuando era pequeña, un día con mi padre, Juan, que era un hombre de muy pocas palabras y de muchos ejemplos, cruzábamos un pequeño arroyo por el cual llegábamos a un río, en el cual teníamos una canoita con la cual llegaríamos a la isla que por cierto se llamaba San Lucas, donde vivíamos con mi familia.
La noche anterior había llovido, con lo cual el agua se llevó la pequeña pinguela del arroyo; mi padre volteó un árbol con su hacha para que pasáramos por encima del mismo. Como yo tenía miedo, él me dijo: “en la vida vas a tener que ser árbol para servir de pinguela para otros, para eso te enseño a nadar si caes al agua; no tengas miedo, aquí estoy, te voy a tender mi mano si veo que caes; andá, atravesálo…” ése día pasé sin grandes dificultades. Yo amaba a mi padre, siempre serio, siempre atento, recto hasta causar temor.
Fui a la escuela de Barra Concepción, una escuela de jornada completa, hasta el 7º grado. Mi padre siempre se sentía muy orgulloso de sus hijos, y se esforzó para que cada uno completara la primaria. Cuando cumplí 13 años, ya estaba trabajando como empleada doméstica.
Cuando tenía 18 años, en una oportunidad que estaba en casa pasando el fin de semana, papá me invitó a una reunión de vecinos porque venía un tal Dr. González, el médico del pueblo y quería hablar con todos para decirles que necesitaba a una chica del barrio para que estudiara enfermería, para trabajar luego como enfermera del pueblo. Mi padre me dijo entonces: “Hija, éste doctor es tu pinguela hacia algo mejor: Tú decides hija, pero no quiero verte toda la vida fregando pisos ajenos”
Me recibí de enfermera un 5 de septiembre; mi padre sólo dijo: “ahora ya puedes ser pinguela de otros”. El 27 de ese mes falleció. El 8 de diciembre de ese año entré a trabajar de enfermera; de eso hacen 18 años. Mi madre también murió; me dejaron 5 hermanos de los cuales fui pinguela, como diría mi padre.
Hoy estoy casada con Juan Alvez, tengo 4 hijos de los cuales estoy segura que seré su pinguela a una vida digna. Mi esposo es holero. No me avergüenza ser pobre.
A lo que voy es que me gustaría ser en parte pinguela de estos chicos amigos de mis hijos y de los cuales muchos nacieron en mis manos, y son como mis hijos.
Digo que quiero ser parte del puente porque espero que alguien mande unos árboles para formar una grannn pinguela y los chicos puedan seguir estudiando.
¿Porqué técnicos? Porque sólo con una escuela así podrán ser puentes de ellos mismos y tal vez de otros que lo necesiten cuando ya no estemos.
María Alvez