A manos de traidores perecen los buenos servidores...

viernes, 5 de octubre de 2007

Nota Diario Primera Edición







2007-10-05
| Información General | escuela de puerto azara

Por un lugar en el mundo

Ocupan un terreno fiscal. Mayoritariamente son hijos de tareferos.

PUERTO AZARA. (Sergio Alvez y Oscar Ibarra, enviados especiales) El Instituto Superior Marcial de Lorenzana que desde este año funciona en Puerto Azara, comenzó a gestarse ya en 2006, a partir del sueño de un grupo de familias tareferas que se propusieron darles a sus hijos las herramientas necesarias para que en el futuro no tengan que repetir las historias de sufrimiento y pobreza que tradicionalmente se fueron sucediendo en las generaciones del pueblo.

En este lugar, situado a menos de 100 kilómetros de Posadas, viven cientos de familias que hasta este año debían conformarse con que sus hijos sólo pudieran terminar la primaria (en la Escuela 63, la única de Puerto Azara), y que el camino a seguir estuviera demarcado por dos posibilidades únicas: la tarefa o la emigración hacia pueblos aledaños como Azara, Apóstoles o Concepción de la Sierra. Por supuesto, que en la mayoría de los casos la continuidad escolar -con los gastos de traslado o alojamiento que implican- se aparecía más como una lejana esperanza que como una chance real. Hay que tener en cuenta que se trata de padres cuya salida laboral está limitada a los meses que dura la tarefa. Después, sólo se sobrevive. En este contexto, la educación secundaria siempre fue vista cómo un lujo inaccesible para la gran mayoría, hasta que el año pasado, representantes de la Fundación Marcial de Lorenzana le ofrecieron a los padres abrir una escuela técnica, de orientación agrícola.


“Los padres se plantearon la necesidad de que los chicos sigan estudiando. Empezamos a buscar formas de hacerlo posible. Acudimos al gobierno municipal pero no nos dieron respuestas ni para traslados ni para nada, nosotros sólo queríamos que estudien.


Fue entonces que nos encontramos con una persona vinculada a la Fundación Lorenzana, que nos informó acerca de la posibilidad de abrir una escuela en Puerto Azara. Nos pareció un sueño imposible” relató a PRIMERA EDICION Ana María Alvez, madre y gran impulsora del proyecto.

Logro histórico
Sorteando la indiferencia de la intendencia, los padres trabajaron mancomunadamente con la Fundación, y consiguieron todo lo necesario como para echar a andar el sueño, aunque había detalles importantes a resolver. En principio, contó Ana Alvez, “no podíamos obtener la aprobación del Servicio Provincial de Enseñanza Privada (SPEP) porque no conseguíamos tierras propias. A partir de ahí tratamos de conseguirlas. Al ser negada la tierra en el lote fiscal, empezamos a buscar formas, y ahí fue donde apareció Don Pablo Atamañuk, de Apóstoles, quien prestó su casa desocupada para que la escuela pudiera convertirse en una realidad”. Tras el gesto invalorable de Atamañuk, los padres se pusieron a trabajar duro en el lugar para acondicionarlo. Luego, se tomó contacto con 17 docentes dispuestos a sumarse al proyecto.


A pulmón, todo estuvo listo para iniciar el ciclo lectivo 2007 con una matrícula inicial de 47 alumnos, hijos de tareferos. La escuela hoy brinda educación secundaria orientada al agro y a tecnicaturas que van desde albañilería, huertas, electricidad y carpintería, entre otras. “Cuando la gente de la fundación nos preguntaba si lo que queríamos era una escuela secundaria común, le aclaramos que teníamos una situación económica difícil, porque el tarefero trabaja desde marzo hasta septiembre y después se queda sin ingresos. Les dijimos que era necesario que nuestros hijos salgan de la escuela con 18 años, y sabiendo hacer algo. Por eso se orientó una escuela técnica, y hoy el entusiasmo de padres y alumnos es muy grande, al punto que es un gran desafío poder conseguir un espacio propio donde podamos contener a toda la comunidad, porque son muchos los padres que quieren que sus hijos sigan por este camino” aseguró Ana María.

Segunda instancia
La apertura de la escuela técnica agrícola, además de abrir un halo de esperanza en el futuro de los hijos del pueblo, forma parte de un programa integral que además de esta primera instancia educativa - siempre desde la unión de fuerzas entre padres y la Fundación de Lorenzana- será completada con una serie de proyectos orientados a las familias, ya que como bien contaron los docentes “de septiembre a marzo, las familias de los tareferos no tienen qué comer. Es necesario trabajar desde la escuela con la comunidad para generar microemprendimientos, desde la Fundación con aportes, para que la gente tenga de dónde recaudar para comer y a la vez solventar a la escuela porque en definitiva la escuela tiene que ser sostenida por nosotros mismos”.